Se propuso el proyecto a un grupo de trabadoras (único paso de la Semana Santa Calagurritana que entonces fue portado por mujeres) y se encargaron de ponerlo a punto para tal fin, siendo uno de los pasos más participativos. Para ello, en días previos al Viernes Santo, se entrenaban desfilando por las calles del casco antiguo con un niño subido al paso y hubo que enseñarles a llevar el paso pues, evidentemente no habían realizado el servicio militar. Pero el pundonor, el amor propio y el cariño a las tradiciones sobrepasaron cualquier problema.
En 1999, al historiador de arte José Manuel Ramírez le llamó la atención el Cristo de la Caña que se procesiona ahora. Estaba en la capilla de la pila bautismal de San Andrés y a partir de entonces es el que se saca en la procesión, y ese año, al cambiar el recorrido de la procesión de la Oración del Huerto para irse hasta el asilo se les propuso a las trabadoras sacar a la virgen de los dolores.