Posteriormente el Cristo de la VeraCruz se incorporó a la procesión del Viernes Santo y por esa época el recorrido de tan magna tradición era el acostumbrado, pero de la calle Mayor se pasaba a la calle de la Estrella, a la de San Andrés, Deán Palacios y Rasillo de San Francisco, sin subir las escaleras. En época posterior el recorrido cambió y dichas escaleras eran y son a la vez que un calvario final, un orgullo para todo trabador, que ve cómo su esfuerzo final culmina con un ofrecimiento por todo lo alto de los sufrimientos y penas padecidos en la procesión.
Por esta época los pasos, a su llegada al Raso, descansaban y se apoyaban en caballetes que se guardaban en la Iglesia de Santiago a medida que la procesión llegaba a este punto neurálgico de la ciudad. También en esta Parroquia alguno de ellos se guardaba en dicho momento, en vez de acabar el recorrido en San Francisco.
Este paso, al igual que muchos al comienzo de la década de los cuarenta, no portaba almohadillas y los trabadores debían ponerse su propio pañuelo en el varal. Los materiales utilizados posteriormente en el relleno de las almohadillas protectoras de los varales han sido varios : crin de caballo, hierba, estopa, borra y en 1989 se colocaron ya en todos los pasos goma-espuma.
Cuando la procesión del Viernes Santo terminaba, eran distribuidos entre los trabadores vales otorgados por el Excmo. Ayuntamiento de la ciudad para una elemental y mínima cena. Dicha concentración se daba en el Auxilio Social , donde se ubican hoy los juzgados. También se repartían dos o tres cigarrillos de los llamados “caldo de gallina”.