La indumentaria de los trabadores también ha cambiado: en un principio se trababa con capucha pero levantada, a cara descubierta. En una ocasión las capuchas amarillas, que eran de malísima calidad, y debido a la constante lluvia del viernes santo, destiñó las mismas
El color del hábito también ha sido modificado: en un principio negro, posteriormente blanco (que fue muy criticado), negro y amarillo y lila que duró también poco tiempo ya que por la noche dicho color era muy inapropiado ya que no se veía. En la actualidad es morado con la capucha y el fajín blanco.
Juan, que al principio iba siguiendo el triste cortejo, se fue corriendo a toda prisa a dar cuenta a la Virgen de lo que pasaba, pues ésta se encontraba ignorante de ello. Al oir la virgen el relato, quedó transpuesta de dolor y se fue enseguida, acompañada por Juan y por Marta, María Magdalena y Salomé, a la calle de la Amargura. Al ver la comitiva, preguntó a Juan cuál era su hijo. Él se lo señaló, diciéndole que era el que llevaba la corona de espinas y las manos atadas. La Virgen que divisó a Jesús, cayó desmayada hacia atrás y estuvo bastante tiempo en el suelo. Cuando se reanimó comenzó a pronunciar una serie de estremecedoras exclamaciones y a golpear su pecho. Los judíos, al ver este espectáculo, quisieron alejarla; pero María permaneció firme junto a su Hijo.
Si embargo, la Teología siempre ha rechazado que la virgen sufriera tal síncope.
El paso consta de cuatro figuras: Cristo con la cruz a cuestas, su Madre que se acerca hasta tocarle y en un segundo plano San Juan, de rostro excesivamente acaramelado y un sayón de fiero gesto que espolea con el látigo a Jesús. Todo el conjunto resulta muy vistoso y fundamentalmente devoto.