Santo Cristo resucitado

La cofradía en 1991 consideraba que el Domingo de Resurrección debía ser el día más grande de nuestra Semana Santa y por el que tenía y debía tener sentido toda la Pasión.

Se estuvieron mirando presupuestos para la adquisición de una figura de Cristo Resucitado y su financiación. Esta se consiguió por la empresa calagurritana Transportes Marín S.L. que gustosamente accedió a nuestra petición.

Las andas fueron doradas por el calagurritano D. Gonzalo Martínez y se aprovecharon las andas del antiguo Cristo de la Caña en esta primera salida. Se vistió la imagen por primera vez en el corral de Angelines y Conchita Sáenz, Las “Chilindras”, en las casas baratas pues salía desde el Hospital de San Lázaro.

Los primeros trabadores fueron miembros de la Vera Cruz y del Paso Viviente y la túnica era blanca con cinturón dorado. En un principio se pensó que saliera del cementerio municipal, ya que Jesús había resucitado.

La primera procesión fue muy especial ya que era una nueva y el día fue que ni de encargo, con un sol luminoso que alegró mucho más este acto emotivo, entrañable y preparado con mucho cariño por parte de la directiva que quería dejar su impronta en un nuevo paso y en una procesión importante para los cristianos. En el año 2000 los miembros del Paso Viviente abandonan sus puestos de trabadores, incorporándose a los mismos ya cofrades de la Veracruz.

El Paso

Este Paso representa al Salvador vencedor a la muerte y redentor de los pecados, por eso es la única procesión en la que se lleva la cara descubierta. La grandeza del día también se entiende por la música en ella es interpretada que ya no es de dolor y por el discurrir de los estandartes de los demás pasos, aspecto que se realizará en 1993. Es un día grande, el más grande para el cristiano y su recorrido por las calles calagurritanas termina con su entrada triunfal en la Catedral a toque del himno nacional.

A continuación dará lugar la solemne eucaristía o Misa de Resurrección.

La imagen que comentamos es de moderna factura, de pasta y con un tamaño algo inferior al natural. En ella se muestra a Cristo Glorioso, con las llagas de la Pasión bien visibles, semicubierto con un sudario en actitud ascendente sobre la losa partida del sepulcro. Su mirada se dirige hacia lo alto. En su cabeza, tres sencillas potencias (piezas metálicas o de orfebrería que figuran rayos, símbolo de la divinidad). 

El brazo derecho aparece levantado, lo que destaca aún más la dinamicidad ascensional de la imagen, y con la mano izquierda sujeta al lábaro o bandera blanca, por lo general, alargada y ondeante, con un a luz roja en el centro, símbolo de la victoria de Cristo sobre la muerte, que sirve a menudo como estandarte de la Resurrección.

El Estandarte

El color blanco y la riqueza del estandarte son signos de la alegría por la Victoria del Señor ante la muerte. El motivo es el cirio pascual que es la gran vela que la Iglesia consagra a Cristo Resucitado en la noche solemne de la Pascua y que representa litúrgicamente que Él está vivo y que ilumina las tinieblas del pecado y de la muerte.

Lleva también otros símbolos que lo complementan como los cinco granos de incienso que representan las llagas gloriosas del Señor, que esparcen el buen olor; el alfa y la omega, primera y últimas letras del alfabeto griego y que indican que Cristo es el principio y el fin de todas las cosas y la fecha del año en que este cirio se ha bendecido, por ser Jesucristo Señor del tiempo pues cada año sigue vivo y actual.

El Cirio Pascual surge del sepulcro abierto y junto al lábaro, que es la bandera de victoria que lleva el Señor Resucitado en las manos. La inscripción reproduce las palabras del ángel a las santas mujeres la mañana de Pascua “No está aquí, ha resucitado”.